El consumo de morcillas, pasteles, empanadas, mondongos, cochino frito, bebidas a base de arroz, arepas y alimentos chatarras impiden disminuir los índices de obesidad mórbida en el estado
La moda ahora es comer torres de alimentos ricos en grasas saturadas, c
omponentes químicos, azúcares y harinas acompañadas de cantidades microscópicas de vegetales y frutas. Estos cambios en los hábitos alimenticios lanzan al organismo a un abismo en el que sólo los niveles del colesterol, los triglicéridos, la insulina la frecuencia cardiaca y la grasa en el cuerpo logran elevarse y desencadenar desórdenes metabólicos ocultos tras capas abultadas de grasa. Este panorama Margarita Triana, nutricionista clínico del Instituto de Previsión y Asistencia Social del Ministerio de Educación (Ipasme), lo resume en una palabra: obesidad.
Esa acumulación de grasa anormal en el organismo puede tomar varias formas. En las mujeres adopta la forma de una pera –grasa localizada alrededor de las caderas y muslos mientras que en los hombres y algunas representantes femeninas suele semejar una manzana –grasa concentrada en la región abdominal del cuerpo-. Sin importar la forma frutal dominante, la alta tasa poblacional, sobretodo infantil, con un exceso de peso mayor a los 30 kilogramos de su peso ideal -obesidad mórbida- en el Táchira ubica a esta enfermedad en uno de los principales problemas sanitarios de la entidad que trae consigo, entre otras cosas, el incremento progresivo de pacientes obesos hipertensos y diabéticos a las consultas.
Yaneth Gómez, nutricionista general y coordinadora de estadísticas nutricionales d
e la Unidad de Nutrición Táchira del Instituto Nacional de Nutrición (INN)- atribuye este comportamiento al doblegamiento psicológico de la población a factores externos: “el bombardeo de publicidades incitadoras al consumo de alimentos procesados con escaso valor nutricional surte efecto por el poco tiempo, debido a los compromisos laborales, la lejanía del hogar y la disposición, que tiene el tachirense de preparar comidas caseras más elaboradas y nutricionalmente beneficiosas.”
Triana agrega otro factor: “el tachirense no sólo consume muchos alimentos chatarras, sino que además no ingiere vitaminas y minerales presentes en las frutas, vegetales y hortalizas y no le gusta hacer ejercicios programados –realizar alguna actividad deportiva durante un tiempo determinado-“.
“La soluci
ón a este problema -continua Triana- comienza con cambiar los hábitos alimenticios, esto es, combinar fibra, vitaminas, minerales, proteínas, azúcares y carbohidratos en las tres comidas principales del día acompañado del consumo de dos litros de agua diario y la actividad física”. Sin embargo, su cumplimiento para la persona obesa no es sencillo.
Estados de ansiedad y el padecimiento de psicomorbilidad, patología psicológica en la que la persona sufre una distorsión de su autoimagen y una baja en su autoestima, suelen ser los factores psicológicos que afectan la disposición de la persona a modificar sus hábitos alimenticios. Armando Carrillo, psicólogo clínico, cree que estos factores son mas evidentes en la población infantil, al ser el grupo etario “más vulnerable a los mensajes culturales mediáticos contra la persona obesa y el rechazo social por esta condición”, agrega Carrillo.
Los especialistas consultados indicaron que la soga para sacar el metabolismo del abismo debe estar entrelazada por actividades preventivas que promuevan desde la infancia un estilo de vida más saludable donde el consumo de granos, carnes, leche tubérculos, plátanos, huevos, y verduras sea notorio y proporcional a los requerimientos nutricionales del organismo ya que la tendencia a desarrollar la obesidad en el Táchira es más marcada.
Maira Romero, coordinadora técnica de la Unidad de Nutrición Táchira del Instituto Nacional de Nutrición (INN), asoma una razón: “la ausencia de monitoreo por parte de los padres a la hora de comer permite que el niño escoja lo que le gusta comer y son principalmente alimentos con alto contenido de azúcares y grasas saturadas”.
La existencia en el Táchira de niños desnutridos por exceso de ingesta a
limentos, pero con escasos valores nutricionales impide que programas como “Monitoreo de las Cantinas Escolares” y “Educación Nutricional”, programas dedicados a monitorear el expendio de alimentos en las cantinas escolares de las instituciones educativas y a brindar información referente a la manera más adecuada para alimentarse respectivamente, impulsados por el INN arrojen resultados contundentes, agrega Romero.
Particularidad a la que se le suma el escaso énfasis que se realiza en las escuelas sobre temas alimenticios, pues sólo se limitan a la celebración durante una semana al año de actividades relacionadas con la adecuada alimentación. “Nosotros realizamos un proyecto integral en el que programamos actividades durante una semana relacionadas con el tema. Es una iniciativa de los docentes y alumnos, pues no es un requerimiento que lo exija algún organismo educativo”, explica Nora Colmenares, directora de la escuela Luisa Cáceres de Arismendi, ubicada en el Sector Las Pilas del municipio San Cristóbal.
Yaneth Gómez, nutricionista general y coordinadora de estadísticas nutricionales de la Unidad de Nutrición Táchira del INN, explica que la educación en la población infantil y adolescente sobre qué debe comer y sus proporciones es un primer paso para atacar la obesidad. Es muy conocido que a los niños no les gusta consumir vegetales. Ante esto Gómez da una solución “Se pueden preparar en sopas licuadas, picadas finamente de modo que sean imperceptibles para el niño, acompañantes de algunas proteínas que le gusten al niño como el pollo la carne y el pescado, etc.”
La obesidad tiene cura
“Mientras el obeso cumpla con lo que se le indica si es posible curar la enfermedad. Aunque no en todos los casos –indica Triana- no es posible llegar al peso ideal sino al peso real –peso con el cual la persona se sienta cómoda consigo misma- esta enfermedad es curable”.
Esta enfermedad se cura siempre y cuando se cumplan varios pasos: cumplimiento de la dieta prescrita por el nutricionista, realización de activ
idad física, consumo de los medicamentos indicados por el especialista. Entre ellos se encuentran algunos medicamentos que controlen la ansiedad, la producción hormonal, provoquen la eliminación del agua y sodio del organismo –nutricionista-, y algunos sensibilizadores de la insulina –medicados por un endocrino-, que controlen los niveles de azúcar en la sangre y la grasa en el cuerpo. Sin embargo, “cuando el Índice de masa Corporal (IMC), método común utilizado para conocer el peso adecuado a su peso y estatura, es igual o mayor a 34 Kg/m2 el paciente amerita ser intervenido quirúrgicamente pues la dieta, la actividad física y los fármacos no resultan suficientes”, expresa Triana.
Las prácticas de cirugías gástricas como la implantación temporal de un balón intragástrico o la cirugía bariátrica -reducción del estómago- en el estado Táchira son una opción para pacientes con obesidad mórbida. "Aunque sus costos son elevados brindan beneficios al paciente que a corto y mediano plazo le permiten disminuir su peso corporal y mantenerlo, mayor movilidad, elevar la autoestima y sentirse más cómodo consigo mismo". Este es el objetivo final de todo el esfuerzo", concluye Triana. .
Pie de foto: El cambio de los hábitos alimenticios figura como la primera opción recomendada por los especialistas en nutricion para disminuir la obesidad en la entidad tachirense.Foto: Archivo. Disponible en www.segundo a segundo. com
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